—“A veces siento que mi cuerpo no es más que
las heces de mi mejor ser” —lee Pacheco.
El librero está tomando un té de menta. Se
toma su tiempo para degustar el sabor que tantos recuerdos le trae.
—A eso es lo que me refiero, amigazo —dice
Pacheco—. Antes de salir a dar batalla contra la gran ballena blanca, uno
necesita de cierta condición. Y eso es, sentir lo que uno es, más allá de su
cuerpo. ¿Me explico?
El librero sopesa la pregunta con calma, cruzando
los dedos de las manos por encima del abultado vientre. Mirando sus estantes
llenos de libros usados, contesta: —Yo no puedo hacer eso. Necesito de mi
cuerpo. Y por más libros que lea sobre el espíritu, me es difícil comportarme
como un espíritu. Eso que el narrador de Melville llama “su mejor ser” me es inalcanzable.
Me conformo con ser este cuerpo y con esa certeza vivo de la mejor forma posible.
Pacheco regresa el libro de Melville a su
estante.


